
"... dos fotos que hice en 1998 cuando
estuve en Treinta y Tres. La picada de Arocha fue para nosotros, mi hermano Rubén y yo un
lugar muy querido. También pasamos allí muchas tardes de verano mateando con Alfredo
Martirena. .."
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Brescia, 16 de dicembre de 2000
Diciembre ha llegado con sus fiestas. Desde mi ventana miro los niños que juegan en el el
patio y al fondo veo las montañas lejanas que la nieve recorta contra el azul profundo.
Mi mirada se pierde en la búsqueda de un sol lejano que brilla más allá del mar, aquel
sol de la Picada de Arocha, de las Sierras del Yerbal o de una tarde de tantos años
atrás.
Podría ser una tarde cualquiera, aquella que mi memoria revive, si no fuese porque al
llegar a la casa de Rubito sentí una música nueva; más que una música, la búsqueda de
algo que no se dejaba atrapar, que se insinuaba y después escapaba.Él con los ojos
vueltos hacia lo alto sin verme que yo entraba, miraba en lo profundo de su alma y
acompañaba con todo el cuerpo el nacimiento de aquella canción. Yo escuchaba en
silencio. Lentamente los fragmentos y los hilos de aquella tela musical se unieron y
Rubito volviéndose hacia mi me dijo: todos los días miro en el Instituto Normal El
guitarrero ciego de Picasso, ese cuadro me habla, es como si poco a poco se sintiese
el vibrar de las cuerdas y la voz dolida del ciego que canta y me dice cosas que el ve y
que nosotros no podemos ver.
Querido amigo Rubito, hoy te escribo estas líneas desde la distancia; pero en verdad te
digo, no existe mar, ni tiempo, ni distancia que puedan separarnos. Estás en nosotros
cada día alentando en este largo andar - con tus canciones nuestros sueños.Juan Baladán Gadea |